BUSCANDO A UNA TRISTE PUTA

💋
Vicky
en línea
Hola, ¿todo bien? Me llamo Bruno, soy estudiante de periodismo y estoy haciendo un reporteo sobre el tema de la venta de contenidos.
02:41 ✓✓
¿Y qué querés que haga?
02:42
Charlar un poco sobre esto, puede ser como entrevista o charla informal.
02:42 ✓✓
No te vas a llevar esto gratis, pagame y hablamos obvio.
02:43
Creo que entonces la dejamos por acá, gracias.
02:43 ✓✓
Si tenés algo para concretar escribime.
02:44
🔥
Hatice Bloom
últ. vez hoy 01:57
Hola Hatice, ¿todo bien? Soy Bruno, estudiante de periodismo. Estoy hablando con distintas creadoras sobre cómo funciona la venta de contenido.
01:59 ✓✓
¿Y?
02:00
Solo quería charlar un poco, entender cómo se están moviendo las cosas y qué problemas ven ustedes.
02:00 ✓✓
Mi tiempo vale. Si querés que hable, pagame.
02:01
No estoy buscando comprar nada, de verdad. Era solo una charla.
02:01 ✓✓
Entonces no tengo nada para decirte.
02:02
Ta, gracias igual.
02:02 ✓✓
A la orden.
02:03
🍑
Lexx
en línea
Hola
03:26
Hola, ¿cómo va? Mirá, no estoy buscando comprar contenido. ¿Podemos hablar un segundo?
03:26 ✓✓
Bien. ¿Vos qué querés? Yo vendo contenido.
03:27
Posta no quiero hacerte perder tiempo. Soy Bruno, estudio periodismo en la UCU y estoy tratando de entender cómo funciona la movida.
03:27 ✓✓
Ah, claro… importante para vos que estudiás en privada y querés investigar lo que para vos es prostitución. Tremenda mirada la tuya.
03:28
Busco visibilizar situaciones donde se vulneran muchos derechos.
03:28 ✓✓
Sé qué hacen las prostitutas. Ambos sabemos. No me interesa aportarte.
03:31
Bueno, gracias igual.
03:33 ✓✓

La noche empieza a oler distinto cuando uno busca algo que no sabe si puede encontrar. Mi cuarto olía a tabaco, a encierro, a los últimos inciensos de quince pesos que me quedaban. Me aboqué a intentar dibujar la geografía invisible del trabajo sexual digital en Montevideo. La pantallita te acalambra los ojos, ¿que no trae experiencias?

Varones y mujeres, trans y cis. Parejas, más viejos y más pendejos, de piel morena y blanca, flacos y con cara de nada o con cara de snob, ni una triste puta me dio pelota. Los conté, fueron 119. Coordenadas no encontré para graficar este mapa, pero sí patrones y datos que nos sirvieron de base de la investigación de Grupo Visión Noctura entre el 2023 y 2024 del trabajo sexual en digital. En Uruguay, el 89% de las trabajadoras sexuales digitales usa el celular como principal herramienta de trabajo.

Montevideo tiene algo después de las diez, de las once. Se llena de señales que solo perciben quienes están atentos: perfiles que cambian la foto como quien respira, con horarios estrictamente nocturnos, ventanas y balcones que se prenden. A la noche pasan cosas. La calentura se asoma y hay ofertas para todos, menos para mí. Para mí que no anduve en la sintonía morbosa de comprar una llamada o unas fotos. Mi morbo fue la intrepidez de buscar el retrato de una triste puta, que en este país el 71% se maneja con nombres ficticios ilocalizables. Buscaba a la que vende la llamada o las fotos, de conocer la realidad que pasa entre su cuarto y los clientes, de las horas de producción, la luz cuidada, la lencería, de los pajeros que las acosan, de los clientes con los que negocian, de si alguna vez les robaron sus fotos o las estafaron con sus ventas.

Buscar una triste puta no fue buscarla: fue entender el ecosistema. Un laberinto de fotos ficticias, o simples caderas con una lencería cuidada. Se mueven con alias, fotos borrosas y estos horarios impredecibles. Donde un mismo contacto puede ser pared, puerta y pasaje secreto según el día y la hora. Esa incertidumbre fue el primer aprendizaje, que no siempre se llega a las ciberputas preguntando; se llega si nos callamos un poco.

🍆
Matin xLess
en línea
11 de octubre
Hola, ¿todo bien? Quiero conocer este tema y busco conversar. 03:14 ✓✓
Supongo que podemos conversar. 03:16
Genial, ¿cuándo podrías? 03:17 ✓✓
23 de octubre
No quiero molestar, pero deberíamos concretar algo si te interesa hablar. 01:02 ✓
29 de octubre
¿Hola? 00:44 ✓

Tal vez no había suerte con Telegram. Entonces probé todas las demás. Cada plataforma tenía su propio clima, pero las mismas respuestas. Algunas respuestas eran secas como un portazo; otras tenían la cortesía distante de quien ya está cansado de prometerse a desconocidos. Y de todas, la más sincera fue una que solo decía: “¿y qué querés que haga?”.

Hace unos doce paquetes estoy pensando dejar de fumar. Pero la suerte viene siendo esta. De todito me han dicho. Bloqueos, reportes de mis mensajes, limitaciones de Telegram a escribirle solo a contactos mutuos. También hay quien me ilusionó y me largó la mano. Sinceramente, lo único que hice durante noches fue limpiar el cenicero.

Acá con la pantallita se busca hacer la platita. Que te roben la foto es sacarte plata, que te quiten tu tiempo de negociación y pasar el alias de PayPal también. ¿Que la pantallita no te da experiencias o sensaciones? Si hubiera tenido un electrocardiógrafo conectado se hubieran visto las experiencias. Cagarte a puteadas con quien te ningunea a vos o lo que hacés te revienta las arterias, te sacude los latidos. Enojarte con quien te toma el pelo y te corta el rostro bloqueándote o cobrándote una millonada por una entrevista te revuelve el pecho de la rabia. A ninguna de las personas que contactaba les cobraban por trabajar, y yo también estaba trabajando. Sigo trabajando.

Sigo pesquisando, intentando seducir a la gente a charlar de que su problema es un problema: esta suerte tiene el que juega con la exposición ajena, con personas que hacen actos que les da vergüenza mencionar públicamente, que trabajan en lo oscuro mostrando las tetas. Igual en el oscuro, el 65% afirma haber sufrido robo de identidad o publicación no consentida de fotos. Solo el 6% logró remover las fotos filtradas.

“Está en la tapa del libro, pelotudo”

Es la norma, que les roben sus fotos o que hagan plata con su cara, que las acosen, que no tengan garantías de protección de datos o identidad, que no se pueda dar de baja sus fotos o perfiles en algunas páginas, que sus anuncios en los grupos sean con imágenes que puede descargar el que la vea, que se pierda el control de los contenidos que vendés o que publicitas para que te escriban. Son 44% de las encuestadas por Grupo Nocturna que confiesan haber sido víctimas de estafa, depósitos falsos o anulados e incluso robo de contenido. ¿Cómo seducir a alguien con la idea de que tiene un problema? ¿Cómo seducir a alguien con la idea de que su problema vale? ¿Y de que me lo cuente?

En ese ir y venir de rechazos me cayó encima otra cosa, más pesada que cualquier bloqueo: el Estado, que no aparece donde debería y aparece justo donde no están contempladas las ciberputas. El 67% no se registra porque el registro es policial, no laboral, y porque el Ministerio del Interior guarda sus nombres como quien guarda una denuncia, se registran acá como garantía del orden público. De las pocas que sí están en esa lista, el 74% siente que las expone más de lo que las protege. Al ejercer en digital no están obligadas al registro, no tienen categoría ni garantía. No hay protocolos para cuando les roban fotos, no hay oficinas para cuando las extorsionan, no hay nadie que les explique cómo borrar su cara de un servidor ruso donde nunca anduvieron. La Ley 17.515 deja fuera a las ciberputas; todavía andan como un ruido de fondo. Para el Estado aún la prostitución digital no existe.

En las salidas al balcón recordé una entrevista hace tres meses con Karina Núñez, de la Organización de Trabajadoras Sexuales (O.TRA.S.). Me quedó sonando una frase suya cuando le conté qué estábamos investigando con mis compañeros. Encantada me dijo que “mucha gente habla de las putas pero pocas personas vienen directamente a hablar con nosotros”, ¿qué hago mal si vengo a hablar con ellas, si cuido mi lenguaje y evito las palabras más incendiarias? Capaz no sirve la formalidad con un mensaje largo ni la informalidad con la frase “me gustaría charlar de este tema”. Capaz el errarle estaba en querer meterse en el negocio que pasa dentro de un cuarto.

Cada negativa es un fragmento de algo mayor: desconfianza hacia instituciones, miedo a la filtración, cansancio de ser mirado siempre desde afuera, y el tan mencionado recelo a ser expuesto con tanta magnitud. ¿Te imaginás la reacción de la gente cuando les preguntaba si podía publicar lo que conversábamos?

No hablé de tetas, ni de culos, ni de sexo, pregunté hace cuánto estaban en esto, si podemos mostrar su cara, ni de manera escrita les seducía dar voz. Después de todo, ellas no me piden un aro de luz o una cámara o una computadora para editar sus fotos, pero yo vengo a pedirles una entrevista, un testimonio, un retrato de sus días o más bien de sus noches, de las nuevas noches digitales, sin contacto, donde te bañás una sola vez para sacar las fotos, donde estás en tu cama quieto, diciendo que sí o que no. Todos diciéndome que no. Hay un cierto estado de alerta por demás, no en vano. El 52% ha recibido mensajes amenazantes o de acoso, el 44% sufrió chantajes. Y aun así, en el borde de esos rechazos, había información. No sobre ellas; sino sobre el sistema que las rodea. Sobre cómo la economía del deseo, que cuando migra a lo digital, conserva aún algo de la economía del riesgo. Estar en tu cama y en tus cuatro paredes nunca se sintió tan vulnerable como siendo una ciberputa, pero a las ciberputas no les interesa. El 49% no sabe que existen mecanismos efectivos para la denuncia en plataformas digitales.

Se fuman otro pucho y hacen otra videollamada, prenden de nuevo la luz. Yo la apago para acostarme a dormir, no sin antes darle una lavada más al cenicero.