LA DROGA MÁS ESTÉTICA
TOMÁS ÁLVAREZ
Una sustancia que brinda músculos, confianza, energía, y estética. Pero a su vez depresión, infertilidad, dependencia y una serie de exigencias inalcanzables. Esteroides anabólicos, seductores, atrapantes, peligrosos. Un gran atajo que puede salir caro, y el sistema lo avala en silencio.

(Foto tomada de Instagram: @davidlaid)

La promesa tentadora: aumento de masa muscular, definición, pérdida de grasa, resultados rápidos, euforia y energía. Detrás de esta decisión, un submundo sin regulación y lleno de riesgos. Una zona gris con montones de promesas vacías donde pocos saben con claridad qué ocurre dentro. 

Pablo Franca es entrenador personal y consumidor regular de esteroides. Lo resume con contundencia: “Sos superman por unos meses”. Es una promesa que, para el amante de la construcción corporal, es difícil de rechazar. “Es mentira eso de que por más que entrenes muchos años vas a llegar a un físico químico, lo natural tiene un límite. En la fuerza se siente un montón, en la recuperación también e incluso en la definición.” Esta idea de ser Superman planteada por Pablo es muy común entre los consumidores: esa es exactamente la sensación que los anabólicos generan a corto plazo.

Los esteroides anabólicos-androgénicos son hormonas sintéticas derivadas de la testosterona. Están diseñadas para estimular la síntesis de proteínas, lo que produce un mayor desarrollo muscular. Una vez consumido (vía oral o inyectable) trabaja de distintas maneras: aumento de la cantidad de glóbulos rojos en sangre, fortalecimiento del músculo y estimulación de la calcificación de los huesos. La consecuencia es un mayor rendimiento físico y un notorio aumento de la masa muscular; lo que se llama hipertrofia.

 

 

La agridulce bienvenida al físico ideal

Marcos —el nombre real fue modificado por pedido del entrevistado— es entrenador físico y exconsumidor de esteroides. Así recuerda la sensación que tuvo cuando empezó a consumirlos: “Primero te genera como una gran euforia, agarrás confianza, decís: ¡Fua qué demás está esto! Te sentís fuerte, mejor. Una persona normal precisa dormir unas siete u ocho horas para regenerar fibra, pero consumiendo anabólicos pasás a dormir unas cinco ganando igualmente masa muscular y sintiéndote enérgico. A los veinte días de consumir ya estás diferente. A nivel cognitivo, incluso también te ayuda.”

Esta arista compra a muchas personas. Tener más fuerza, más energía, sentirse como Superman, verse mejor, más estético; el mejor atajo para llegar a ese físico ideal que muchos quieren tener. Marcos lo explica: “En mucho menos tiempo que un entrenamiento natural ya conseguís autoestima, respeto, admiración y confianza”.  Sin embargo, dejarse seducir por las ventajas de los esteroides trae peligros para el consumidor.

Santiago Cedrés, internista, especialista en sexología clínica, Presidente de la Academia Internacional de Sexología Médica y experto en tratamiento clínico con hormonas en hombres; conoce bien cuáles son las consecuencias del consumo de estas sustancias: “El uso dañino va a estar siempre. Porque este no es un producto natural, vos estás llevando hormonas a valores muy superiores a los fisiológicos, nunca se sale limpio de consecuencias”. Muchas personas en redes o en los mismos gimnasios se jactan de que existe un buen uso de los esteroides, que minimiza o casi anula las consecuencias. No es cierto.

Dentro de las principales consecuencias negativas detalladas por Cedrés se encuentran: disminución de la creación de testosterona propia, pérdida de fertilidad (los testículos reducen su tamaño lo que hace poco probable la fecundación), mortalidad mayor (el corazón se vuelve más rígido y propenso a fallar), ginecomastia (parte del pecho queda caído), pérdida del cabello en hombres, aumento de vello en mujeres, presión alta, daño hepático, acné y problemas de salud mental como irritabilidad, ansiedad y depresión. 

A primera vista el cambio es puramente físico, pero es en la mente donde el esteroide provoca una de sus principales repercusiones. El caso de Marcos sirve para ejemplificar. Su carrera en fitness ascendía, sus músculos crecían de forma exponencial, se sentía cada vez mejor y con anhelo de competir. Así que, para poder tener más posibilidades en las competencias de fisicoculturismo, decidió incursionar en los esteroides. Sin embargo, fue ahí donde todo se vino a pique. “Tengo una predisposición con los genes a la depresión y esto me lo potenció”. La depresión y la presión constante fue una de las razones por las que abandonó el fisicoculturismo.

La irascibilidad es otra de las secuelas que deja esta sustancia sobre una persona. Varios profesores de gimnasio cuentan testimonios donde algunos alumnos destratan a la gente o tienen una mala actitud en general. Muchas de esas veces, eran personas que estaban consumiendo, lo cual les provocaba reacciones desmedidas sin justificativo.

Marcos realizó una comparativa contundente: “El mejor ejemplo es como cualquier otra droga. Se genera una dependencia. Imaginate si vos estás super eufórico, fuerte, te ves bien y de repente pasaste a todo lo contrario, es un bajón químico de dopamina. Completamente deplorable.”  Así también lo explicó Cedrés: “Es como una adicción psicológica, los esteroides son adictivos. Es un camino sin retorno, porque sentís que tu cuerpo y tu mente los precisan más”. 

Esto ocurre debido a que los esteroides se usan en ciclos de aproximadamente ocho semanas a doce. Cuando pasa un tiempo y una persona se deja de ciclar, el cuerpo pierde lo conseguido gracias al anabólico y se empieza a “desinflar”.  Su autoestima se ve afectada y es muy probable que se genere una dependencia para verse mejor.

Más allá de temas de autoestima, también se genera  una dependencia a nivel fisiológico. Cedrés explicó que cuando una persona los consume, su cuerpo produce menos niveles de testosterona de forma natural y, al dejarlos, los niveles bajan de golpe. Eso provoca cansancio, depresión, pérdida de deseo sexual e irritabilidad, además de la notoria caída en la masa muscular. Estos cambios hacen que muchos vuelvan a usarlos, no para ganar más músculo, sino simplemente para sentirse como antes.

Medicina individual 

“No hay estándares médicos que indiquen cómo usar los esteroides”, afirma Cedrés. El consumo de estas sustancias siempre se debe realizar con un acompañamiento clínico que lo supervise, porque sino los riesgos pueden ser superiores.  “Es un consumo que no está regulado por el Ministerio de Salud Pública (MSP) y que, aparte, no existe ningún consenso médico de seguridad para ayudar”, manifiesta el médico. Las personas que quieren consumir no tienen material de confianza que los guíen en el uso, se basan en lo que encuentran en internet y las experiencias de otros consumidores. “Aquí radica un problema fundamental. Yo que soy médico y hace tiempo me dedico a los tratamientos hormonales, cada vez más te das cuenta que esto es un traje a medida. Como no hay nada documentado o escrito todo termina siendo autodidacta o en lo que hizo el amigo, y eso es fatal porque siempre depende de la persona y sus objetivos”.

Para acompañar un ciclo de esteroides se tienen que realizar estrictos estudios y seguimientos médicos. Cedrés explicó que, en pacientes que han consumido anabólicos, lo primero es realizar controles clínicos básicos para evaluar el estado del hígado, los riñones y la sangre. Según señaló, aproximadamente el 80% de los fisicoculturistas presentan un hematocrito superior al 50%, indicador de una sangre más espesa de lo normal debido al aumento de glóbulos rojos. Además, deben vigilarse posibles daños hepáticos, cuadros de acné severo y la fertilidad, llegando incluso a recomendar la preservación de semen en clínicas especializadas para no perder la posibilidad de tener hijos en el futuro. 

A largo plazo, el consumo puede derivar en patologías graves como cáncer de hígado, insuficiencia cardíaca o un elevado riesgo vascular. “Los consumidores no tienen una guía clara. Además si alguno va a consultar a un médico para tener acompañamiento, pocas veces te agarran viaje porque los doctores no se quieren hacer responsables de lo que el paciente consume. Haciendo más difícil conseguir seguimiento.” concluye el doctor.

Sin regulaciones, sin guías, sin control

En Uruguay, el uso de esteroides anabólicos está prohibido dentro del deporte competitivo, tanto en competencia como fuera de ella, según el Decreto 394/007 que adhiere al Código Mundial Antidopaje. Sin embargo, fuera del ámbito deportivo profesional, no existe una regulación clara que prohíba su consumo con fines estéticos o recreativos. Aunque algunos médicos pueden recetar testosterona en casos clínicos específicos (como hipogonadismo), no hay protocolos médicos oficiales para quienes consumen esteroides por motivaciones estéticas.

¿Cómo hacen entonces para acceder a los anabólicos? “Las sustancias más usadas se llaman estano y dianabol. Se consiguen super fácil en cualquier lugar, mercado negro me refiero. Siempre hay alguien que te ofrece. Hoy en día en cualquier gimnasio conseguís” plantea Pablo Franca.

Marcos cuenta que el acceso a las pastillas o inyectables es simple: alguien te pasa un contacto y concretás la compra en una esquina, como si fuera cualquier otra droga. Siempre se mueve con fuentes “de confianza”, pero incluso así tuvo malas experiencias:  “Cuando estás en ese mundo de mierda querés probar cosas nuevas que funcionen mejor.” Ofrecen productos supuestamente importados de Europa, que terminan siendo sustancias alteradas. Ahí, advierte, está uno de los mayores peligros: no saber qué te estás metiendo. Muchos laboratorios que fabrican estas sustancias son clandestinos y los riesgos son enormes.

¿Autoestima a cambio de salud?

Hoy en día, las personas están constantemente bombardeadas por físicos idílicos. Las exigencias que muestran las redes sociales no lo hace fácil y uno siempre quiere más. Así lo detalla Martina – el nombre real fue modificado para reservar la identidad – Licenciada en educación física y profesora de gimnasio: “Hay una expectativa muy alta, en relación a qué tipo de cuerpo quiero alcanzar. Hay todo un trasfondo en relación a la autoestima, a la seguridad y a dónde estoy poniendo el foco. Si lo pongo en lo que ya tengo y en todas las posibilidades que me da mi cuerpo, o en lo que no tengo. De ahí sale la obsesión”.

Los entrevistados tienen algo en común: todos coinciden que es el atajo lo que más seduce. Los resultados rápidos, eficientes y notorios. Pablo considera que lo que mata es la ansiedad: “Lo que quiere la gente y muchos de los adolescentes es todo ya. Como saben que esto te adelanta varios meses deciden tomarlo.” Sin un entrenamiento estricto diario, el esteroide va a hacer poco efecto notorio. Muchos jóvenes deciden incursionar en este mundo y eligen los esteroides para ahorrar tiempo. Pero no lo combinan con un entrenamiento eficaz, lo que lo hace letal. Quedándose solamente con las consecuencias negativas y sin la hipertrofia. “Así es como caés. Ves a alguien en Instagram con un físico exagerado, admirable, y pensás que eso es posible. Especialmente si sos joven o estás desinformado. Querés estar como él. Y el mismo tipo te dice: ‘tomá esto, no pasa nada’. Pero no te cuentan las contraindicaciones.”

“Cuando quieras pertenecer a un grupo, vas a hacer cosas que capaz que ni querés hacer para poder encajar. Entonces, pasaba eso en el gimnasio. Todos estaban grandes y yo quería estar ahí, porque te sentías menos. Te dejas llevar. Es un tema de autoestima. Cuando no te querés, buscas soluciones que terminan siendo peores.” Marcos contó su historia personal. Su experiencia es un ejemplo de lo que puede llegar a hacer una persona para poder encajar en ciertos círculos o sentirse mejor. “A veces termina en la nada misma, porque siempre queres más. Nunca llegas a estar conforme y así te seguís haciendo mierda.”

Los esteroides anabólicos habitan una zona gris. No hay regulación clara ni consensos médicos. Son un traje a medida que depende del cuerpo y los objetivos de cada quien. Pero los consumidores no tienen una guía confiable en la que apoyarse.

Es un tema que llama a reflexión. ¿Qué lugar ocupa hoy el cuerpo? La exposición constante a físicos idílicos empuja a muchas personas a exigirse hasta el límite, incluso si eso implica consumir sustancias que alteran su salud.

¿Verse bien es hoy una prioridad? ¿Está mal? ¿O es peor que nadie se tome el trabajo de hilar fino en este tema para acompañar a quien consume? No parece haber respuesta, pero esto refleja un problema de autopercepción y exigencias que atraviesa nuestra sociedad. 

TOMÁS ÁLVAREZ

TOMÁS ÁLVAREZ

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