MENOS JUEGO Y MÁS PRESIÓN: LA VIOLENCIA EN EL BABY FÚTBOL
PEDRO FIGUEREDO
Lo que debería ser diversión para niños, muchas veces se convierte en un escenario de gritos, peleas y agresiones de adultos

Foto archivo / Cedida a El Sótano por Diario crónicas

En Uruguay, el baby fútbol es mucho más que un deporte: es un evento social, un espacio de encuentro familiar y un lugar donde el futuro del fútbol abunda. Este evento cuenta con miles de partidos por fin de semana. En Uruguay existen más de 600 clubes de baby fútbol que participan en 67 ligas distribuidas en nueve zonas del país. Según datos de ONFI, participan alrededor de 70.000 niños y 10.000 niñas. 

Las categorías de baby fútbol van desde los 6 hasta los 13 años. Hasta los 8 años se juega 9 vs 9. A partir de los 9 son 7 jugadores por equipo. Los partidos duran 15 minutos cada tiempo en la categoría más chica, y van aumentando con respecto a la edad. Este evento reúne muchas familias y busca dar un espacio de aprendizaje y recreación. Sin embargo, siempre hubo un terrible villano que no ha soltado a este evento: la violencia. 

Peleas entre padres, insultos a árbitros, presiones desmedidas sobre los niños y hasta agresiones físicas se han vuelto noticias en estos lugares. Lo que debería ser un ámbito de juego, diversión y formación, muchas veces se transforma en un lugar de tensión. Poner la lupa en este fenómeno implica entender las causas detrás de este fenómeno y las consecuencias en los niños

Por momentos, podemos pensar que la violencia es inherente a esta actividad. Se ha vuelto habitual encontrarse en los partidos de baby fútbol con adultos que gritan, se enojan, insultan e incluso se agarran a los golpes por circunstancias que viven los niños durante los encuentros de fin de semana. Según la Organización Nacional de Fútbol Infantil (ONFI), solo uno de cada cinco sucesos de violencia en el baby fútbol sucede entre jugadores. Usualmente son entre agentes externos a los niños: padres, delegados, directores técnicos, árbitros, entre otros. 

 

¿Por qué acontecen estos episodios? 

Rodolfo Merello, presidente de la Organización Nacional de Fútbol Infantil, manifiesta que: “No es algo que escape a la sociedad toda, llámese ambiente de trabajo o una plaza, pero acá se visibiliza mucho más que en otros lugares. Un insulto en la calle no sobresale, en una cancha con niños sí” En marzo de este año las autoridades de ONFI cambiaron. Merello cuenta con experiencia en el rubro, ya que antes de asumir fue presidente del Baby Fútbol en Fray Bentos. El nuevo presidente dejó en claro su postura sobre este tipo de sucesos: “La violencia no está en el fútbol. La gente que provoca líos va a estos espectáculos a descargar problemas internos que nada tienen que ver con la actividad. Es un desafío cultural. Esto no deja de ser un juego donde hijos y nietos van a divertirse un rato, y ese es el foco al que ONFI quiere apuntar” 

En 2022 se dio un caso de violencia que marcó un precedente. El piñazo de un DT a un padre en baby fútbol y las reglas de ONFI: la violencia ahora cuesta el doble. En un partido de liga interbalnearia entre Lomas 3 y Pinar 99 de la categoría 2011, el director técnico del primero golpeó a un padre luego de perder un partido y sentir que ese padre no lo había estado apoyando, sino todo lo contrario. El DT fue suspendido por el club, pero 5 meses después volvió a dirigir, esta vez a la categoría 2010. 

El club se excusó en que “fue un episodio aislado” y que el entrenador no es violento. Si las penas se hubieran respetado, el entrenador no hubiera podido volver a dirigir hasta al menos 2 años más. El reglamento estipulado decía que agredir a un árbitro o a un veedor (persona responsable de informar lo que sucede en el partido) tenía una suspensión de entre 2 a 4 años con el club. Posterior a ese evento, en un congreso en Flores se agregaron nuevas normas. Entre ellas, que los clubes tienen como obligación informar a su liga correspondiente sobre estos eventos y atenuarse a las sanciones que les impongan, cosa que antes no era así. 

Según Merello, el análisis va mucho más allá de una cancha de baby fútbol. Hay un problema cultural. Entonces, ¿cómo puede hacer el baby fútbol para escapar de él? ¿Se puede erradicar la violencia de ese lugar?

Cada organización, club, director técnico y árbitro aporta su parte para que este problema se solucione. Merello explicó que hay sanciones impuestas por ONFI en estos casos, y que los clubes deben informar a la liga de cada evento de violencia que atraviesan y si se han cumplido las sanciones para los afectados. 

¿Qué postura toman los clubes frente a los hechos de violencia? 

Gaston Berriel, director técnico de Baby fútbol en el Club Nacional de Fútbol, dijo que su institución ha eliminado el vínculo entre padres y entrenadores, a excepción de los padres delegados, y hasta los ubican del otro lado de donde están los entrenadores, delegados y suplentes. Esto sucedió como una medida preventiva a partir de la pandemia en 2020, no por un evento puntual de violencia. “Es una medida que nos permite trabajar mejor, alejarnos de todo los gritos en ocasiones desubicados de los padres, y poder hacer que tanto los niños como nosotros nos concentremos mejor en jugar. En una oportunidad un padre se acercó a mí cuando me iba del partido, con un tono bastante agresivo, a preguntarme por qué su hijo no jugaba. No hubo golpes ni insultos, pero la conversación fue fuerte y cuestiono mi idoneidad”

Hay otras instituciones que confían en la buena conducta de los padres, como por ejemplo el Old Christian Club. Ismael Machado, coordinador del equipo manifiesta que: “Marginar a los padres es algo que genera más violencia. Nosotros les permitimos que estén cerca, se expresen y apoyen a sus hijos desde el respeto. Si los alejas es peor porque ellos quieren formar parte. El fútbol en Uruguay se vive con mucha pasión como para manejarse así”. Ismael es coordinador del club desde 2019, pero es entrenador desde 2006, algo que lo ha expuesto a estas situaciones. “He sufrido muchísimas situaciones de violencia, sobre todo física. Me han querido golpear muchas veces, ya sea por padres del club en el que trabajaba, padres del equipo rival o delegado rival. Parece increíble que sea algo tan difícil de resolver».

Otra voz presente en estos eventos: El árbitro. 

Germán Lago fue árbitro de baby fútbol y comentó que la violencia en ese mundo es algo difícil de superar. “Se puede, pero hay que ser muy inteligente. Siempre sos el malo de la película, y así es difícil que no haya violencia” German cuenta que el árbitro tiene como recomendación, por parte de ONFI, no hablar con los padres. “Falta entender que no somos malos, simplemente somos personas que nos podemos equivocar. Una vez lamentablemente se me vino un padre encima. No me llegó a golpear, pero me tiró una piña y le erró por poco. No le alcanzó porque los delegados me fueron a apoyar, hasta otro padre ingresó. Nos separaron justo a tiempo”, agrega.

Lo único que comparten los tres son experiencias de violencia física o verbal sufridas en carne propia.

¿Se puede entrar en este mundo sin sufrir un escenario de estos? 

“Sinceramente es muy difícil. Yo se que mi mensaje no es alentador, pero en ONFI, por falta de recursos, no existe el rol del fiscal que se asegure que los equipos cumplen con las consecuencias de actos de violencia, y al no cumplir esas consecuencias, es muy difícil que no sean reincidentes” dijo el Presidente de ONFI. 

Esta organización es del Estado. y se sustenta con el dinero de inscripciones y cuotas de los clubes, pero también recibe dinero del estado en distintos momentos. En 2022, el Ministerio de Transporte y Obras Públicas destinó 5 millones de pesos para infraestructura. Transporte aportará más de 5 millones de pesos anuales para mejorar infraestructura de clubes de fútbol infantil | Presidencia. Estos recursos suelen destinarse sólo para obras puntuales, y es difícil encontrar que se destinen para otra cosa

La violencia en el baby fútbol no es un problema menor ni aislado: es un reflejo de la confusión entre pasión y agresión que atraviesa nuestra cultura. Los testimonios de dirigentes, entrenadores y árbitros muestran que las sanciones, las medidas preventivas y las distintas formas de relacionar a los padres con la actividad tienen impacto, pero no alcanzan si no existe un compromiso real de todos los actores, ya que todos los consultados siguen reconociendo vivir las experiencias de violencia física y verbal en carne propia

El desafío es cultural y va más allá de una cancha: devolverle a los niños el derecho a jugar sin presiones, sin miedos y con la alegría que debería estar en el centro de cada partido. Solo así el baby fútbol podrá recuperar su esencia como espacio de formación y disfrute.

 

Mirá la entrevista en Osados a German Lago

PEDRO FIGUEREDO

PEDRO FIGUEREDO

Es una persona que apunta a expresar su opinión sobre todos los temas, y quizás a veces sustituye la falta de Información y formalidad con verborragia y opinión, en ocasiones contagiosa. Busca transmitir a través de la emoción y pasión. Prefiere hablar que escribir o leer En su SOTANO guarda herramientas, mesas enclenques, y sillas con una pata rota. Juguetes con los cuales jugo de niño y que aunque ya no juega, espera que mas adelante lo usen y sean una tradición familiar

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