«¿ESTO LA PANTALLITA LO HACE?»
TOMAS ACUÑA
La figura del portero, que durante décadas custodió la entrada de los edificios, está en jaque. Los tótems y sistemas de vigilancia remota ya borraron 1.500 empleos, y el debate se centra en dos ejes: el ahorro de costos y a la necesidad de mantener la seguridad con los servicios cotidianos que brinda la portería física.

*Próspero Mieres de 74 años es portero de un edificio de Parque Batlle, donde también vive. Siempre con porte señorial— de camisa, traje y corbata—cuida el edificio y a los propietarios desde hace 41 años en el horario de seis a catorce horas. Fuera de su horario de trabajo, entrena, corre y le pega a su saco de boxeo. También práctica artes marciales mixtas, como su ídolo: Bruce Lee a quien tiene presente en su casa mediante un póster. Se afeita seguido la cabeza con Gillete para quedar prolijo y asegura tener varios juegos de camisa y corbata. No toma medicamentos, se define como un hombre sano y atlético. Diez y media de la mañana tiene media hora de descanso, momento en el que se toma un litro entero de leche para tener energías para lo que resta del día. Según él, es dulce y amable con la gente buena, pero con la mala, es “salado y picante”.

Un lunes como cualquier otro, un auto recorre de manera sospechosa la cuadra en innumerables ocasiones. Esta dinámica se da durante toda esa semana. Finalmente el viernes, dos personas bien vestidas llegan en una furgoneta para entregar un ramo de flores —sabían que una señora todos los viernes ordenaba flores a domicilio— y tocan el timbre.

Florería —dijo uno de los hombres.

—Si, pase —contestó la vecina.

Próspero, que sabía lo que tramaban estas personas, inicia un diálogo con la sospechosa dupla.

—Hola, buenos días. ¿Serían tan amables de tocar de vuelta el timbre y avisar que el portero no los deja pasar?

—Pero señor, ya nos abrieron. Usted es un atrevido.

—¿Sabes lo que pasa? arriba del apartamento es una cosa, acá en el hall mando yo.

En ese momento forzaron la primera puerta de entrada y pasaron. Próspero pensó: «Estos están enfierrados”. Liberó la segunda entrada. Antes de que pusieran un pie en el hall se cruzó de brazos con el arma expuesta. “Les dije: ‘Dale, tienen la puerta abierta, entren’. Si se rascaban un huevo, se quedaban sin huevo”, comenta el portero entre risas. Los sujetos se quedaron tiesos. Se retiraron en ese instante. “Yo he puesto muchas veces en juego mi vida por el edificio”, remata.  “Yo viví acá toda mi vida, mis hijos nacieron y se criaron acá, pasé buena parte de mi vida con mi señora aquí, uno le va agarrando cariño al lugar y a la gente”, sentencia.

El edificio en el que Próspero trabaja tiene 133 apartamentos. Un lunes de setiembre, en el horario del mediodía, movimiento es lo que sobra. Dos señoras pasan a saludar con beso y un sentido abrazo y se quedan a conversar con él por diez minutos. Enseguida, un delivery viene a dejar el almuerzo a un vecino, pero él no se encuentra. Próspero paga la comida en efectivo y deja propina. A un obrero lo deja pasar porque ya lo conoce de vista, lo mismo con otro delivery que llega más tarde. Un ferretero no corrió con esta suerte, lo hizo tocar timbre para permitirle pasar.

No hay persona a la que no le hable. Tiene tema de conversación con todos y sabe sobre su vida, a veces, por que las personas le cuentan, otras por chismes que le cuentan vecinos, como ocurrió pasado el mediodía con una inquilina—llamada Mabel— que tiene intenciones de comprar un apartamento. Ella le preguntaba a Próspero que le contara sobre la propietaria de un apartamento que ella quería comprar. El portero le dio información y no necesariamente poca.

A Próspero no le preocupan los “enanos”— así llama a los tótems—, los famosos porteros digitales que se ven cada vez más en barrios de Montevideo. Su principal argumento en contra de este sistema es la falta de seguridad y su incapacidad para reaccionar al instante ante situaciones peligrosas.

Quien sí está preocupado es su hijo Ramón, portero en un edificio del Centro en el que se contrató Foxsys—empresa de seguridad para edificios residenciales y comerciales. Antes eran cuatro personas las que cubrían la portería a diario hasta que se decidió de manera unánime cambiar a servicio híbrido. “Es una desventaja, obviamente, porque se pierden un montón de puestos de trabajo, sobre todo en la zona costera”, comenta, aunque entiende que responde al avance tecnológico y a la intención de la reducción de gastos comunes.

Según comenta Mario Gómez, secretario de la Asociación de Porteros Casas de Apartamentos (APCA), en los últimos cinco años se han perdido cerca de 1500 puestos de trabajo. Hoy en día hay cerca de 6000 porteros en Montevideo, de los cuales tan solo 150 están sindicalizados.  Es caminar unas pocas cuadras por los barrios de Montevideo como Cordón, Pocitos, Punta Carretas y Centro para ver tótems, porterías con tags, múltiples cámaras, parlantes y el respectivo logo de la empresa en la fachada del edificio: Masterson, Spotter, Securitas, Horizon o Foxsys. 

A finales de 2023 APCA presentó un proyecto de ley para fijar un impuesto a los tótems. La Asociación propuso que haya una legislación que regule su actividad y que paguen un impuesto para poder competir y frenar la pérdida de empleos e ingresos para el Estado y los trabajadores. Consideran que la situación actual genera una competencia desleal y que las empresas que utilizan tótems deberían pagar los mismos impuestos que los trabajadores físicos. Sugieren que se haga un aporte social al BPS por cada tótem instalado en los edificios.

El proyecto de ley fue archivado, pero Mario, Secretario de APCA, dice que buscan reflotarlo en el corto plazo. Indica que el sindicato debe insistir a nivel político para que se retome y se redacte de manera más técnica y específica. “Tenemos que empezar a apretar a los diputados para que lo refloten. Debemos ajustarlo más, profesionalizar políticamente y administrativamente”, comenta.

Los protagonistas

Guillermo tiene 46 años y es portero en un edificio del Parque Rodó por Bulevar Artigas, donde también vive. Su horario es de 10 a 14 y de 18 a 22 horas. Sin embargo, él asegura que se muestra a disposición de sus patrones en todo momento y se ocupa de percances que ocurren tanto en el edificio como en los apartamentos de sus patrones: “Mi casa comienza en el garaje y termina en la azotea. Yo tengo que cuidar todo el edificio, no solo mi apartamento”.  En sus 20 años en el edificio ha hecho de plomero, electricista, bombero, cerrajero, se ha peleado con gente por la seguridad del edificio y hasta ha hecho de psicólogo: “Me han llamado porque alguien pensaba que tenía un ataque al corazón. Bajo corriendo, abro la puerta, me quedo a acompañar hasta que se tranquiliza. Eso no lo hace una pantalla”, afirma.

Guillermo entiende que tener portería electrónica no significa mayor seguridad: “Yo he tenido que pelearme con gente, llamar a la policía, agarrar un extintor para apagar un auto en llamas. Eso no lo hace una cámara.” Diego, portero de 40 años, de Palermo, coincide en que la figura de portero físico impone respeto y disuasión: “Al ver un portero, la gente piensa dos veces antes de entrar. Una cámara sola no los detiene”, explica.

La mayoría de los porteros que fueron entrevistados para esta nota coinciden en que el portero físico es una persona relevante para los adultos mayores que viven en los edificios—que suelen ser la mayoría, porque Uruguay es un país de personas mayores. Detalles como, quehaceres del hogar, abrir y cerrar las puertas del ascensor, subir las bolsas del supermercado al apartamento, sacar la basura y charlar con ellos en el hall del edificio—entre muchas otras tareas y actividades— son detalles clave para entender por qué las personas mayores necesitan la figura del portero físico.

Christopher de 33 años oriundo de Paysandú trabaja en un edificio del Centro de 65 apartamentos en el horario de 22 a 6 horas: “Creo que acá el sistema de la noche está bien implementado porque hay muchas personas mayores que sí necesitan algún servicio tienen a alguien, más que nada por un tema de prevención y de seguridad», manifiesta. Walter, de 77 años, trabaja hace 23 años en un edificio de Palermo, confirma que para la gente mayor es importante tener a una persona a disposición de noche: “Ellos necesitan al portero para sentirse seguros”, afirma. Una de las escenas que más se repite es la de personas mayores que solicitan asistencia en su domicilio: “Se cae de repente y nos llaman: ‘Mirá, se cayó fulana de tal, ¿te animás a subir a darle una mano?’ Eso creo que es lo más importante de lo que nosotros verdaderamente somos”, cuenta. Para Walter el verdadero diferencial entre el tótem y el portero físico se resume en eso, en brindar ayuda al patrón cuando lo necesite.

Todos los porteros coinciden en que el principal factor de la decisión de cambiar el portero físico por el remoto es el económico. Admiten que si bien hay una rebaja económica importante, tarde o temprano, la seguridad del apartamento, se ve afectada porque el portero físico puede actuar al instante que ocurra el incidente en el edificio. “Está en riesgo la seguridad de tu familia, los pesos que te ahorras no lo vale”, señala Mario Goméz, secretario de APCA.

Foxsys, la empresa líder en el rubro

La empresa es pionera en el rubro en Uruguay. Comenzó en 2017 y abarca el 35% del mercado actualmente. Ofrece dos tipos de servicios en este momento: portería y vigilancia, que suelen ser contratados en conjunto. 

Según Foxsys, las ventajas que ofrecen su servicio por sobre el de portería física son reducir costos operativos hasta seis veces, facilitar el acceso al edificio mediante herramientas, como una aplicación que autoriza el acceso desde cualquier lugar mediante reconocimiento facial, PINs y videogaraje. Además, cuentan con registro de interacciones y analíticas IA que registra cámaras, aperturas de puerta y permisos de accesos al edificio. Otro diferencial es la disuasión por audio por medio de parlantes colocados en la puerta del edificio.

En Foxsys trabajan 118 personas de las cuales 81 se dedican a monitorear y vigilar las cámaras en horarios de seis horas. El sistema funciona con inteligencia artificial. Cada vez que una cámara detecta un movimiento inusual se avisa a la central y al operador mediante un protocolo, descarta o asume que es una intrusión. Las intrusiones se disuaden mediante altoparlante y en caso de que perdure, se conecta con el primer móvil policial georreferenciado y asiste al edificio. De todos modos, Foxsys remarca que su servicio es compatible con la portería física. Admite que varios edificios eligen ambas modalidades dependiendo de sus necesidades. 

Hablemos de números

Según el secretario de APCA, un servicio de portería 24 horas los siete días de la semana cuesta aproximadamente 270.000 pesos mensuales. Por su parte, el servicio de Foxsys varía mucho dependiendo del edificio, del número de apartamentos y del tipo de servicio, pero puede ir desde los 30.000 pesos hasta los 100.000 pesos. 

La portería remota es más barata, pero depende de la cantidad de apartamentos cuan más barata puede ser. Lo mismo ocurre con la portería física. Los edificios que cuentan con sistema portería tradicional consultados promediaron entre 60 y 70 apartamentos, mientras que los gestionados con Foxsys, según comentó el CEO en una nota a El País, promedian entre 30 y 40 apartamentos. 

Los patrones

Un Presidente de un edificio de Palermo propuso cambiar portería permanente a servicio de portería electrónica y no lo logró debido a la alta cantidad de copropietarios adultos mayores: “Para ellos tener una persona física es sinónimo de seguridad y confianza. Además, no usan celulares y los que lo usan, lo hacen para cosas básicas. Desconfían de la tecnología”, comenta. “A pesar de que las ventajas son muy buenas en cuanto a practicidad y costos, no existe unanimidad para contratar el servicio”, lamenta.

En cambio, una vecina del Centro cuenta que existió quórum de sobra para adquirir el servicio de Foxsys y admite que fue un cambio brusco: ”Estábamos acostumbrados a ver una persona que nos saludaba todos los días y dejó de ser así”, admite. No obstante, a medida que fueron pasando los meses sintió mayor seguridad con este sistema que con la portería física. Según ella la portería virtual “ve cosas que el ojo humano no ve”. 

Por su parte, un propietario ya jubilado de Palermo dice que “a los tótems hay que prenderlos fuego”.  “La tecnología se nos ha ido de las manos”, asegura. Un veterano, del mismo edificio, no concibe otra cosa que no sea el portero físico “Quiero alguien de carne y hueso”, comenta.

Sin embargo, no solo la gente mayor prefiere los porteros físicos. Un joven residente de Pocitos define como “muy útil” a su portero. “No solo abre la puerta, hace otras cosas como arreglar cañerías, temas de electricidad, recibe deliverys y fletes”, dice. “Se planteó en un momento pasar a portería remota, pero se decidió mantener el portero físico debido a la ayuda que brinda a los vecinos”, agrega.

Lo que se viene

Según comentan desde el sector de marketing de Foxsys, el servicio de tótems se está dejando de ofrecer. Esto se debe a que se trabaja para que la gente no asocie el servicio de Foxsys únicamente con el tótem. “Cuando le preguntamos a la gente: ’¿Qué es Foxsys?’ lo primero que se les viene a la mente es el tótem. Nuestro servicio es mucho más que la pantalla”, explica la gerenta de marketing.

A pesar de esta decisión, todo apunta a que la empresa seguirá creciendo. En Uruguay hay más de 7.000 edificios potenciales para el tipo de servicios que ofrece Foxsys. Según datos de la empresa, la penetración de la portería virtual en Uruguay es inferior al 20%, lo que evidencia un gran margen de crecimiento. 

La empresa vende su servicio no solo a edificios construidos, sino también a los que están en pozo. Tienen vínculo con varias empresas desarrolladoras. Este tipo de proyectos facilita la instalación del servicio, abarata costos y contribuye al crecimiento de la empresa.

Además, Foxsys afirma que en América la adopción de porterías electrónicas es incipiente, con menos del 1% de penetración. Esto posiciona a Foxsys como una compañía avanzada en tecnología, procesos e infraestructura en la región.

La empresa señala que cuenta con la infraestructura, procesos y sistemas listos para escalar en los próximos 5 a 10 años. Su objetivo es imponer su estándar de servicio en ciudades con alta densidad de edificios y elevados costos laborales.

Entre tanto potencial de desarrollo, los porteros físicos buscan persistir. Algunos se quedan sin trabajo, otros se adaptan a un sistema híbrido y los restantes luchan para competir contra las nuevas tecnologías. 

A otros, como Próspero —aunque pocos—, les despreocupa el avance tecnológico porque ya forman parte del ecosistema del edificio.

*Próspero falleció el 1° de diciembre de 2025, dos meses después de ser publicada esta nota.

TOMAS ACUÑA

TOMAS ACUÑA

Ansioso y curioso. Podría hablar ininterrumpidamente de tópicos que lo interpelan como el fútbol, la política o el cine. Si cometió algún delito y se está escondiendo, seguramente lo encuentres en el CDS viendo a Peñarol; porque él podrá cambiar de todo: de cara, de novia, de religión, pero hay una cosa que no va a poder cambiar: de pasión. En su SÓTANO guarda aquellos recuerdos con sus amigos de cuando jugaba a la pelota, a la play y se juntaba a hacer cualquier cosa menos preocuparse por el paso del tiempo.

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