“VOS SOS CHOFER PROFESIONAL, TENÉS QUE SABER CÓMO LLEGAR”: LA VIEJA ESCUELA DEL TAXI
NICOLAS DOMINGUEZ
Carlos Botta, 72 años, y Antonio Gallo, 66, son parte de una generación que aprendió Montevideo de memoria. Sus historias revelan la otra cara del volante: la autonomía, los riesgos y la resistencia de un oficio que se niega a desaparecer.

“¿Tú me puedes pasar la dirección? Pero escribimela, porque el mapa yo no lo utilizo” pide Carlos Botta de 72 años que hace 42 es chofer de taxi.

Trabaja 6 días a la semana, 12 horas diarias, de 3 de la mañana a 3 de la tarde, realizando un promedio de 23 viajes diarios. Afirma que no sacó la cuenta, pero que probablemente haya hecho más de 1 millón de viajes en toda su carrera.

Es un chofer de oficio. Antes de serlo, trabajó en hoteles de primera en Montevideo y Punta Del Este, hasta que un fin de semana hizo una suplencia como chofer y nunca más volvió a cambiar de profesión.

Lo que más le gusta de su trabajo es la autonomía “vos trabajás solo y es tu responsabilidad. Eso me gusta”, afirma.

Lo que menos le gusta, afirma entre risas,  es cambiar ruedas cuando pincha, aunque cuenta que nunca le pasa.

Entre tanto viaje, acumula muchas anécdotas. Recuerda con humor la vez en que una señora lo paró para un viaje y al llegar a destino le dice “pero mire que quedó mi esposo parado esperando” y tuvieron que volver a buscarlo. En ese momento recién se habían instalado las mamparas, pero aún no tenían los intercomunicadores y si bien veía que la mujer hablaba, no entendía qué le estaba queriendo decir.

El trabajo de un chofer no siempre tiene que ver con llevar pasajeros a un destino. Carlos cuenta que una vez una mujer se subió al taxi y le pidió seguir a una persona. Él de inmediato aceleró para alcanzarlo pero la mujer lo frenó “mire que va a pie, es aquel”. Estuvo dos horas con la mujer siguiendo al hombre. En todo el rato que lo persiguieron estuvo haciendo una vida normal.

No es el único chofer al que le ha tocado realizar viajes que no consisten en llevar pasajeros a un destino. Antonio Gallo tiene 66 años, y hace 36 que está relacionado con el mundo de los taxis. Antes trabajaba en la administración de una fábrica y en el año 1989 empezó a trabajar de chofer, durante los fines de semana, para tener un ingreso extra. En marzo de 1990 logró comprar su propio taxi, él lo manejaba una parte del día y luego se encargaba de gestionar que otros choferes lo manejen, para no tenerlo parado. Hoy en día no tiene la rutina de ser chofer. Sino que se encarga de administrar el vehículo y lo maneja cuando tiene que cubrir licencias o alguna vacante.

Lo que más le gusta de su trabajo es estar en la calle, conocer gente. Cuenta que se entera de un montón de cosas y que conoce bien la ciudad: “Te tiene que gustar manejar, es todos los días diferente”, comenta. Recuerda los 11 años que trabajó en oficina antes de ser chofer y afirma, sin dudarlo, que prefiere trabajar en la calle. El trabajo es mucho más dinámico y hasta le ha tocado hacer de psicólogo con pasajeros.

Antonio también comenta que ha realizado viajes que no consisten necesariamente en llevar un pasajero. Recuerda la vez que una señora lo llama y le pidió que vaya hasta un bar en Carrasco, le dio la descripción de cómo estaba vestido el marido de ella y le pidió que vaya, se fije si estaba y luego vuelva a su casa a contarle.

También ha tenido muchas veces pasajeros que sospechaban que su pareja les era infiel. Se subían y le pedían seguir vehículos.

Aunque su trabajo le gusta y tiene cientos de recuerdos positivos, también está lo negativo: varias veces le tocó llevar pasajeros que se fueron sin pagar el viaje o que lo increparon. Aunque también tiene anécdotas donde las víctimas fueron sus pasajeros.

Una vez llevó a un señor mayor a cobrar su jubilación al casino de Parque Rodó. El señor bajó del taxi a cobrar, mientras Antonio le esperaba como le pidió. El plan era subirse al taxi e ir a su casa. Pero dos hombres que vieron la situación tenían otro plan. Cuando el señor se va a subir al taxi, uno de estos hombres bloquea la puerta de Antonio y el otro le roba el dinero al hombre. Escaparon corriendo hacia el Parque. Intentaron, pero no los pudieron agarrar.

Carlos también comenta que le ha tocado vivir situaciones tensas o de sentirse inseguro: “Tenés la mampara que te protege, pero igual estás ahí vos solo.”

Ambos acumulan cientos de anécdotas de una vida recorriendo las calles de Montevideo, pero perfiles de chofer como los de Antonio y Carlos cada vez son más difíciles de encontrar.

Un poco de contexto

En Montevideo hay aproximadamente 3500 vehículos de taxis y ese número no varía desde hace más de 20 años. Para que un auto pueda realizar de taxi, además de estar habilitado con ciertos criterios que define la intendencia, debe tener una matrícula especial. Hay unas 3500 matrículas y no se han habilitado más hace años, salvo pocas excepciones recientemente exclusivas para autos eléctricos con el fin de incentivar su uso.

Por lo que, si alguien quiere comprar un taxi, además del vehículo tiene que comprarle la licencia a alguien que quiera venderla. Actualmente el precio de una matrícula ronda los 70.000 dólares.

Tener un taxi conlleva una gran inversión que incluye el costo del vehículo, la matrícula y el mantenimiento del auto. Por eso se busca que el coche esté funcionando en la mayor cantidad de turnos posible y no tenerlo parado.

Los turnos por lo general son de 12 horas con relevo de puerta a puerta para los choferes. El salario de los conductores que no son propietarios del vehículo es del 29% sobre el total que generan con los viajes, además de un viático de 226 pesos cada día y los beneficios sociales como aguinaldo y salario vacacional. Los choferes que trabajan en el turno de la noche ganan lo mismo, pero la diferencia es que desde las 22 hasta las 6 de la mañana cambia la tarifa.

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Es lo que aumenta la tarifa de 22 a 6 am.

En un mes de 30 días  hay 60 turnos en total. Fernando, quien administra 16 taxis, afirma que el número mínimo ideal es tener cubiertos 52 de esos 60. Cada mes, en promedio, tiene 3 vehículos que 10 días cubren un solo turno. Los va rotando para no perjudicar tanto a los mismos coches y tener un promedio parejo, buscando acercar todos al 52, que identifica como el mínimo ideal.

De los choferes con los que trabaja un 50% es personal fijo y el restante es rotativo. Destaca que los conductores mayores de 50 años son los mejores y con los que tiene menor rotación: choferes como Carlos y Antonio, que cuando empezaron a manejar debieron comprarse mapas y estudiárselos para saber las calles de memoria. Hoy afirman poder llegar prácticamente a cualquier lugar sin la necesidad de ningún mapa.

“Vos sos chofer profesional, tenés que saber cómo llegar” le suelen decir a Antonio, igualmente dice que lo mejor es siempre preguntar si tienen algún camino o preferencia “después hay tráfico y te cuestionan por qué elegiste ir por ahí, mejor preguntar y lo evitás”, afirma.

Mapa que usaba Antonio en sus inicios y con el que aprendió las calles de Montevideo

La llegada de las aplicaciones

En noviembre de 2015 llegó Uber a Uruguay y generó un gran revuelo en el mundo del taxi.

En el comienzo de la aplicación, Fernando asegura que el 80% de los conductores eran antiguos choferes de taxis de toda la vida, que tenían algún ahorro, compraron un auto y empezaron a trabajar por su cuenta, ya que a diferencia de los taxis, no tenían que pagar una matrícula especial, solamente el vehículo.

Esto afectó no solo en la competencia, sino también en la perdida de conductores con experiencia y calificados, según Fernando.

Antes de la llegada de Uber, entre 2012 y 2014, el valor de la matrícula de taxi oscilaba entre 110 mil y 120 mil dólares, comparado con los 70 mil de hoy.

 

 

El tráfico

Tanto Antonio como Carlos, reconocen que el tránsito ha aumentado mucho y que se vuelve muy pesado.

“Hoy hay una despreocupación por el otro. Se ve en maniobras sencillas que pueden dejar pasar a un auto y no se hace”, afirma Carlos.

Antonio recuerda que cuando empezó, la primera ficha caía cada 140 metros. Hoy se redujo y cae cada 100. Eso fue como consecuencia del alto tráfico y que se demora mucho más en llegar a los lugares.

 

Las multas

Fernando identifica la llegada de los radares como un factor que disminuyó el interés de la gente por trabajar de chofer de taxi. Están en la calle todo el día, recorriendo rutas que nunca son las mismas, por lo que están expuestos a recibir una multa por exceso de velocidad por no ver o conocer un radar.

Fernando muestra particular preocupación por la norma que empieza a regir a partir de diciembre. Se instalaron cámaras en ómnibus y se va a multar a los vehículos que utilicen la senda de “Solo bus”. Comenta que los taxis utilizan mucho ese carril para subir y bajar pasajeros, y a partir de diciembre los podrían multar con 2 unidades reajustables (3678 pesos uruguayos con la cotización actual).

Frente a esta situación Fernando comentó que un chofer que trabaja hace años con él le dijo: “si esto es verdad, voy a tener que dejar el taxi y manejar un camión. Yo no voy a trabajar para pagar multas”.

Los taxis existen oficialmente en Uruguay desde hace más de 60 años. En ese tiempo muchas cosas han cambiado y este medio de transporte ha perdurado. Hoy se enfrentan a un nuevo desafío, otro obstáculo más en un camino arduo, largo y sinuoso.

Fichero de taxi de la década del 70. Propiedad de Carlos Botta

Mira la entrevista en Osados a Carlos Botta

NICOLAS DOMINGUEZ

NICOLAS DOMINGUEZ

Es tranquilo, pero a la vez inquieto. No le gusta hacer las cosas por inercia, quiere que tengan un sentido. Apasionado de la historia, los viajes, el fútbol y el vino, pero no tanto de tomarlo, sino de la historia que cuenta cada botella. Vivió un tiempo en España y se dio cuenta que Uruguay es el mejor país del mundo. En su SÓTANO guarda vinos para tomar, no en ocasiones especiales, porque considera que la ocasión es la botella.

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