Un nuevo integrante
En su casa del barrio Pocitos, Valeria, una bibliotecóloga de 58 años y Fernando, un militar retirado de 62, volvieron a escuchar el llanto de un bebé después de casi tres décadas de haber criado al último de sus hijos, Felipe de 27 años, que aún vive con ellos. No es un nieto, ni tampoco otro hijo, es un bebé que llegó a través del programa Familias Amigas
La propuesta es una iniciativa del INAU que funciona desde 2011 y abarca a todo el país. El proyecto busca dar la posibilidad a bebés, niños y adolescentes que pasaron sus primeros días en hospitales u hogares de esa institución de ejercer su derecho a vivir en familia. El objetivo es que estos niños puedan desarrollar apegos más seguros con personas voluntarias, mientras se define el reintegro a su familia de origen, o hasta que se encuentre una solución familiar definitiva, con una familia adoptiva.
El “llamado” de Valeria y Fernando
Fundación Mir, un apoyo más
“Una forma de vida”
Carolina Boismenu, prima de María Marta, forma parte del área de comunicación de la Fundación Mir. Se encarga de la difusión del programa, desde la convocatoria a los voluntarios, hasta su primer acercamiento al proyecto. Para ella su trabajo es “una forma de vida”. “Es como un orgullo a nivel país saber que de alguna forma lo estamos haciendo”, dice Carolina con una capa cristalina en sus ojos.
Cada vez que llega un bebé a la fundación, el equipo se encarga de conseguir una familia amiga para que salga del hospital y vaya directo a un hogar, sin tener que pasar por una residencia del INAU. Luego comienza el trabajo con la familia de origen. Asistentes sociales y psicólogos empiezan por buscar a los familiares más cercanos del bebé y analizar cuál es su situación, si las condiciones están dadas para que ese niño vuelva a su hogar de origen o si hay algún pariente que se pueda hacer cargo de ellos. La prioridad siempre es mantener el vínculo sanguíneo. “Lo más normal es que la mamá sí esté presente y quiera a ese hijo y quiere estar con él, pero muchas veces es consciente de que no lo puede hacer” porque no se puede cuidar sola, ni siquiera ella misma, no porque no quiera, sino porque no puede, por mil situaciones. Eso muchas veces cuesta, porque tiene que dejarlo ir, soltarlo y entender que puede darle una mejor vida a su hijo, si elige el camino de la adopción y ella no sigue intentando visitarlo. Es complejo, reflexiona Carolina.
El rol de la Fundación Mir es darle al juez un panorama, lo más claro posible, del contexto de ese niño para que pueda tomar una resolución, esto incluye aspectos básicos como si la familia demostró interés en conocerlo o no. “Normalmente el juez puede estar alineado con nosotros, pero hay veces que no, que dice, 'yo prefiero que sigan trabajando con la mamá' o 'creo que la mamá sí puede tenerlo' y hay que reforzar más esa maternidad o lo que sea que esté faltando y hay que seguir trabajando. Por eso a veces se extienden un poco los tiempos en que el juez dictamine si se va con la mamá, con la abuela o en adopción”, dice Carolina. Aunque el cuidado de las familias amigas es momentáneo, y por lo general no excede el año.
En una antigua casa de techos altos y claraboya en el barrio Cordón, entra una pareja de veteranos en sus 60. El hombre llega con un bollito en brazos y atrás viene su esposa intentando seguirle el paso. Debajo de esa enorme mantita, que protege de las primeras pelusas que empiezan a caer de los árboles, un pequeño llega a la fundación para encontrarse con su mamá. Aunque su madre aún no ha llegado, se encontrarán en unos minutos, cuando la familia amiga ya se haya retirado. Durante este proceso, las familias no se conocen. “Salvo al final. Ahí la familia de origen va a poder ponerle cara a quién cuidó a su hijo, su nieta o su sobrino por tanto tiempo y hacen un vínculo que queda por lo menos por ocho años (el tiempo que llevan en este proyecto)”, explica Carolina. En algunos casos no llegan a conocerse porque una de las partes así no lo desea, sin embargo son los menos. La mayoría termina intercambiando celulares, fotos, videos y hasta se invitan a los cumpleaños.
¿Quiénes pueden sumarse al programa?
La iniciativa abre las puertas a toda persona preferentemente mayor de 25 años (aunque es posible anotarse con 18 años). Los postulantes no pueden estar inscriptos en el Registro Único de Adopciones, el cuidado es transitorio. Los plazos de permanencia de cada niño dependen del proyecto de atención integral que se haya pensado para él y de la situación de su familia de origen o de referencia.
Que el deseo de ser Familia Amiga sea compartido por todos los miembros que conviven en la casa. Participar en instancias de capacitación. Estar abiertos al apoyo, acompañamiento y sugerencias del equipo técnico. Aceptar el posible vínculo entre el niño o adolescente y su familia de origen. Capacidad de aceptar la separación del niño o adolescente al momento de su integración a su familia de origen o a una familia adoptiva. Aceptación de la transitoriedad de la situación. Conocer y aceptar que ser parte de este proyecto, es excluyente a acceder a un proceso de adopción..
Un equipo técnico del INAU evalúa y selecciona a las familias que deseen integrarse a la propuesta. La Familia Amiga es asesorada, capacitada y acompañada psicosocialmente. Si es necesario, también es apoyada económicamente durante el proceso.
Ponerse en contacto con el Programa de Acogimiento Familiar del INAU a través del sitio web: www.inau.gub.uy, o por el teléfono 0800 2513 o vía correo electrónico a: familiaamiga@inau.gub.uy Entrevista personal, proceso de evaluación y selección a cargo del Equipo Técnico del INAU. Capacitación para las Familias Amigas seleccionadas. Acompañamiento y apoyo en el proceso de integración del niño o adolescente a la Familia Amiga. Asesoramiento y fortalecimiento psicosocial al niño o adolescente durante todo el proceso. Acompañamiento a la Familia Amiga en el proceso de reencuentro del niño y adolescente con su familia de origen, cuando sea posible, o brindarle una respuesta definitiva (adopción).
Para las personas voluntarias que tienen hijos a cargo, el reglamento del INAU aconseja no superar un máximo de cuatro niños o adolescentes por casa, aunque esto puede variar cuando se trata de grupos de hermanos por consanguinidad o crianza.
El primer paso para ser una familia amiga es completar un formulario con datos como nombre, edad, ocupación y el motivo de la postulación resumidos en 255 caracteres. La planilla se puede completar a través de un 0800, el sitio web o en alguna de las oficinas del INAU. Después de pasar ese primer filtro, vendrá el proceso de selección. Varias sesiones con especialistas, visitas a la casa del voluntario y un análisis de la familia que vivirá con el niño que llevará alrededor de unos seis meses.
Actualmente el programa Familias Amigas del INAU tiene unos 109 voluntarios inscriptos que cuidan de unos 285 bebés, niños y adolescentes. La cantidad de niños es más del doble que la de familias amigas, aunque esto no es de ahora.
De raíces católicas y puertas abierta
La sala de espera de la fundación está adornada con cruces, velas, e imágenes de la Virgen María, su fuerte vinculación con el catolicismo está clara, aunque esto no es condicionante a la hora de recibir voluntarios que quieran hacerse cargo de un bebé. Las familias amigas pueden estar compuestas por un solo integrante, dos personas del mismo sexo o diferente, pueden ser de cualquier religión, etnia y raza, todos son bienvenidos; incluso más cuando no sobran los voluntarios.Al momento de escribir esta nota, hay cinco bebés a punto de salir de un hospital, esperando por una familia que los reciba momentáneamente. De no conseguir un voluntario, esos bebés irán a un hogar de INAU.
En la Fundación Mir hay cupo para 25 bebés y al momento están a tope, aunque con una autorización del INAU pueden recibir a algunos más. ”Nosotros tenemos familias que han participado y luego de que entregan al bebé se toman un tiempo o tienen en mente otros planes. No salen de nuestro padrón de familias, pero quedan en avisarnos cuando quieran retomar y no podemos ponerles presión de que hay bebés esperando, tenemos que respetarlos”, dice Carolina.
Con saldo a favor
Los gastos del bebé están cubiertos. El INAU provee de viáticos, leche y cubre todos los gastos médicos. La fundación apoya con ropa, sillas para comer o para el auto y cualquier cosa en la que pueda colaborar. Es también la encargada de coordinar las visitas médicas y los trámites que precise el bebé, como sacar la cédula.
Aunque la familia de acogimiento no recibe una remuneración por un trabajo, el Estado otorga subsidios y subvenciones evaluando la necesidad familiar, como la situación socioeconómica, sanitaria, laboral o cualquier otra que interfiera en las capacidades de cuidado o bien las necesidades específicas que tengan el bebé, niño o adolescente.
La prueba de fuego
Valeria y Fernando comenzaron en este proyecto en mayo de 2025, luego de haber tramitado todos los permisos necesarios con el INAU. En principio iban a colaborar como Familia Moiru, que son voluntarios que ayudan a otras familias amigas cuando precisan salir por unos días o por varias horas o bien cuando surge un imprevisto. En junio del mismo año un llamado de la fundación les avisó de una familia amiga que precisaba apoyo con un bebé por tres semanas. Sin pensarlo dijeron que sí.
Alex era un varón de tres meses, “era un gordo divino” recuerda Valeria, al tiempo que agarra el celular para mostrar una foto orgullosa. Fue el primero. La despedida no fue fácil. “Costó, lloras, te entristeces, los extrañas, pero bueno te queda en el corazón que lo que le diste es más fuerte que lo que te pueda doler a vos. Siempre lo vamos a tener en nuestro corazón y pienso que si algún día me lo cruzo, aunque esté más grande, lo voy a reconocer”, dice Valeria emocionada.
El segundo “sí”
El segundo los tomó por sorpresa. Una semana después de haber devuelto a Alex, un llamado de la fundación pedía su ayuda con una niña que llevaba dos meses internada en el Hospital Pereira Rosell, y ya estaba pronta para recibir el alta. La idea inicial era que la cuidaran por unos días hasta encontrar una familia amiga con quién dejarla. Valeria y Fernando aceptaron y fueron a buscar a Aithana. A la semana se dieron cuenta de que querían convertirse en una familia amiga a tiempo completo. “Hablamos en la fundación para quedarnos con ella durante todo el proceso“, cuenta. Al día de hoy Aithana, va para los cuatro meses y ya lleva dos viviendo con ellos.
El día después
Una vez que el bebé, niño u adolescente “egresa” del programa Familias Amigas, porque su situación judicial fue resuelta, el juez dictamina un período de seguimiento para acompañar el comienzo de vida en su nueva realidad. Si el bebé vuelve con su familia de origen, la fundación se encargará de hacer un seguimiento de 60 a 90 días, según lo que dictamine el juez. Si el pequeño es dado en adopción, el acompañamiento queda en manos del INAU.
No es un hasta nunca, sino un hasta pronto
Hay una cosa que todo voluntario de este programa debe tener en cuenta: el cuidado es temporal y las despedidas ocurren. Sin embargo, hay todo un proceso pensado para que esto afecte lo menos posible a todas las partes.
En la fundación se les avisa a las familias amigas con tiempo, para que se preparen y luego se coordina un encuentro entre los adultos. si bien duele, tiene que doler, porque sino no hubo apego, quedó como un trabajo y no como un vínculo. Al final las familias amigas entienden que la vida era para esto, para que ellos consigan a una familia definitiva y que mientras pasaran lo mejor posible. Por más que ese día los voluntarios siempre se van llorando, también es la emoción, y los van a extrañar siempre pero al ponerle una razón y un sentido es más fácil, eso es lo que dicen todos y diré que se repite”, dice Carolina.
En ese sentido, Ana coincide: “Al conocer a la familia con que se van y saber que ellos van a estar bien, eso ya me deja tranquila”. “Esa es nuestra meta, entregar el amor y nosotros ta, somos grandes” concluye Valeria.
Abrir la puerta de nuestro hogar para recibir a un niño por un tiempo limitado no es un reto apto para todos. Sin embargo, para Valeria, Fernando, Ana y tantas otras familias, lo importante no es la ausencia que queda, sino el amor que se entrega mientras dura la estadía. Porque al final, en cada “sí” hay un objetivo cumplido: esos bebés recibieron el afecto que de alguna forma u otra se les había negado.
Si querés saber más sobre cómo participar del programa, podés hacerlo desde el sitio oficial del INAU:
Click aquíMirá la entrevista a Valeria Paulo en Osados
Organizaciónes que colaboran con Familias Amigas:




