ENTRENAN COMO PROFESIONALES, PERO SIN CONTRATO: LA OTRA PRETEMPORADA DEL FÚTBOL URUGUAYO
SANTIAGO IRULEGUY

 Entre cifras, ofertas y camisetas posando en redes sociales, el mercado de pases deja su propio saldo oculto: cientos de futbolistas sin contrato, sosteniendo su profesión al costado del foco mediático, esperando un llamado que puede no llegar nunca.

Cada año, mientras los clubes anuncian altas y renovaciones, otro grupo atraviesa la misma ventana sin figurar en ningún comunicado: los que no firmaron con nadie. Este año, más de 100 futbolistas profesionales entrenaron en el Complejo de la Mutual Uruguaya de Futbolistas Profesionales (MUFP). Sin club, sin anuncio y sin fecha de debut.

El día a día

Cada mañana llegan con bolsos, botines y una rutina de trabajo idéntica a la de cualquier plantel profesional, pero sin estadio, sin fixture y sin salario. No hay tribuna que observe ni escudo que los represente: hay césped, ejercicios, vestuario y una pregunta que se repite en silencio a lo largo de cada práctica. El teléfono puede sonar, pero aún no suena. El mercado sigue, pero para ellos, la temporada todavía es espera.

La mayoría de los jugadores que llegan a la Mutual lo hacen arrastrando una mezcla de ansiedad, incertidumbre y esperanza. Es un espacio predispuesto para entrenar, pero también para resistir.

Cómo se vive desde adentro

Entre los que atravesaron ese limbo está Juan Muguerza, un volante de 24 años, formado en las divisiones juveniles del Centro Atlético Fénix, que hizo su debut profesional en Albion Football Club, durante el transcurso de la Segunda División en la temporada 2021. Después de haber pasado toda su etapa formativa dentro de planteles estables, este año le tocó atravesar por primera vez el inicio de temporada sin un contrato profesional.

“Un amigo me avisó que iba a entrenar ahí y me sumé”, recuerda. Hasta ese momento, Juan se había preparado de cara al mercado de pases como tantos otros: un video de jugadas para enviar a clubes, un representante moviendo el teléfono y la convicción de que algo podía aparecer. Pero apenas pisó el complejo entendió que la Mutual es otro mundo: “El primer día estaba nervioso. Hay muchos, muchos jugadores. Gente que no veía hace tiempo, compañeros de distintos cuadros. Es como llegar a un trabajo nuevo”.

Con el correr de las semanas, Juan empezó a sentir algo que muchos jugadores describen, pero pocos reconocen abiertamente: la ilusión del comienzo convive con un mar de dudas. El teléfono puede sonar, pero a su vez puede ser para el compañero que se sienta al lado tuyo en el vestuario. Y cada día que pasa, el margen para encontrar un club se achica.

“Nunca había empezado un año sin cuadro. Los jugadores más experimentados siempre te dicen que para el futbolista, Navidad y Año Nuevo son lo peor que hay, porque estás viendo qué agarrás, qué no, qué te ofrecen o qué no te ofrecen”, dice. Los amistosos, en teoría, son una oportunidad para mostrarse, pero también ahí la realidad es durísima. Capaz jugás contra un equipo de la A, andás bien, la rompés… y no te llaman. Muchas veces ni les interesa: hacen fútbol para que sus jugadores se muevan, no para mirar a alguien de la Mutual”.

A eso se suma un detalle que define buena parte del desgaste: los minutos. Jugás solo 45´. Y si tocaste poco la pelota o tuviste un mal día, fuiste. Además, a veces el amistoso está arreglado para que un club vea a un jugador puntual. Entonces no miran a los otros diez, ni a los que entran después”. Esa lógica: pocos minutos, vitrina acotada y la atención dispersa va golpeando la confianza incluso en quienes empiezan con la moral alta.

Dentro de la cancha, la tensión se siente. “Hay estrés. Siempre alguno está ofuscado, o te putea si perdés una pelota. Todos están buscando lo mismo. Y a medida que pasa el tiempo, escuchás que a alguno lo llamó tal club, o que otro tiene una chance… y vos pensás: ‘¿Y a mí quién me llama?’”.

En ese clima, las dudas que acompañan a cualquier deportista se vuelven más persistentes. “En el fútbol hay momentos buenos y malos, pero creo que son más los malos que los buenos. La duda siempre está. Hay que perseverar hasta que un día uno dice ‘basta’… pero hasta ese día seguís intentando”.

La dirigencia: el sostén de la MUFP

Si para los jugadores la Mutual es una mezcla de refugio y último recurso, para quienes la gestionan a comienzo de cada año, se repite el mismo desafío: acompañar a cientos de futbolistas que llegan con la cabeza dividida entre la preparación física y la incertidumbre laboral. Maximiliano Russo tiene 36 años, es ex futbolista profesional y hoy el segundo vicepresidente de la MUFP, lo resume sin vueltas: “No es el lugar donde quieren estar”.

Lo dice sin dramatismo, pero con la claridad de alguien que conoce el predio desde ambos lados de la línea de cal: como jugador sin contrato y como dirigente responsable de sostener al plantel más grande y más vulnerable del fútbol uruguayo. Porque aunque el complejo ofrece canchas impecables, gimnasio completo y un ambiente ordenado, el trasfondo es otro: los que entrenan , están sin trabajo. “Al principio son muchos, pero a medida que va pasando el tiempo y van consiguiendo equipo, el grupo se achica. Y ahí es cuando aparece la dificultad: la tristeza, las cabezas gachas. Ahí es donde hay que poner el foco”, explica Russo.

Para enfrentar ese desgaste, la Mutual desarrolla movimientos paralelos: talleres de salud mental, charlas educativas, jornadas distintas: un entrenamiento en la playa, una salida a jugar al golf, un asado compartido, que funcionan como respiro y distracción en medio de la incertidumbre. “Tratamos de estar en todos los detalles para que esa estadía sea lo más llevadera posible”, agregó Russo. No se trata sólo de sostener la forma física: se trata de sostener a la persona. “Llega un punto en que lo deportivo queda atrás y pasa a ser más humano que otra cosa”.

Con los años, Russo aprendió a leer en los jugadores algo que no aparece en ninguna estadística ni nota: la vulnerabilidad del que espera. “Todos llegan con el mismo objetivo: conseguir trabajo. Pero cada uno carga su propia historia, su urgencia, su miedo”, dice. Para él, el complejo no es solo un lugar de entrenamiento, sino un recordatorio de que el fútbol profesional también tiene un lugar oscuro, donde el talento convive con la incertidumbre. “Nuestra tarea es que no se sientan solos. Que mientras esperan, sepan que alguien los acompaña”. En un mercado que convierte a los nombres en fichas que se mueven de club en club, la Mutual intenta que, al menos por un rato, los números vuelvan a ser personas y convivan entre ellos como si fueran un equipo más del fútbol profesional de nuestro país.

Son datos, y hay que darlos

Según datos de la MUFP, cada inicio de temporada entre 80 y 120 jugadores quedan sin contrato y recurren al complejo para mantenerse en forma mientras buscan club. La franja etaria es amplia: desde futbolistas de 19 o 20 años hasta profesionales de más de 35, pero la mayoría pertenece al segmento intermedio: jugadores con varios años de carrera, todavía en plenitud física, pero que quedaron fuera de los planes de su último equipo. Muchos provienen de la Segunda División Profesional, donde los contratos suelen ser cortos y las renovaciones dependen de presupuestos ajustados.

El complejo recibe a los futbolistas con un funcionamiento prácticamente idéntico al de cualquier institución profesional. Entrenan cinco días a la semana, con sesiones de fuerza, trabajos tácticos, amistosos de preparación y seguimiento médico constante. La Mutual también registra que más del 60% de quienes pasan por el complejo logran incorporarse a un club antes del cierre del mercado, mientras que el resto debe extender su preparación o, en algunos casos, evaluar alternativas fuera del país o incluso fuera del fútbol. Para muchos, la ventana de pases no sólo define su destino deportivo: define si el fútbol seguirá siendo su trabajo.

Si bien la Mutual no publica de forma abierta todas las estadísticas, sus registros internos muestran una tendencia estable: cada año, la cantidad de jugadores que llegan sin contrato es lo suficientemente grande como para conformar varios planteles completos. Un recordatorio silencioso de que, detrás de cada alta anunciada en redes sociales, hay cientos de profesionales que viven el mismo mercado desde el margen, esperando convertirse en el próximo que aparezca en las redes de un club.

Más que un lugar para entrenar

Para Juan, la Mutual fue más que un lugar para entrenar: fue un espacio para no perder la confianza. “Vos querés estar compitiendo, querés estar en un club. Pero mientras no llegue el llamado, necesitás sentirte futbolista todos los días”, decía. Sus mañanas en el complejo eran una mezcla de rutina profesional y de ansiedad contenida, una forma de recordar que todavía tenía sentido seguir preparándose. Como él, decenas de jugadores transitan ese limbo cada año, sosteniendo el hábito aun cuando la certeza no los acompaña.

Russo, desde el otro lado del mostrador, reconoce ese peso en cada mirada que recibe. Sabe que ninguno está allí por elección. Sabe también que la espera desgasta, que el silencio del teléfono pega más fuerte cuando el tiempo pasa. Por eso, insiste, el trabajo de la Mutual no es únicamente deportivo: es emocional. Es evitar que la frustración se convierta en abandono. “Ahí es donde tenemos que estar más presentes”, repite. “Cuando quedan pocos, cuando cuesta más levantarse, cuando el jugador empieza a sentirse solo”.

Y, sin embargo, aunque cada mercado deja un saldo de nombres sin contrato, también deja pequeñas victorias: firmas inesperadas, oportunidades tardías y la sensación de que insistir vale la pena. Para algunos, el llamado llega. Para otros, llegará más adelante. Para otros, nunca. Pero mientras exista un grupo de futbolistas que cada mañana cruce la puerta de la Mutual con el bolso al hombro, la espera seguirá siendo un tiempo habitable. Un lugar donde los números vuelven a tener rostro. Donde, aunque no sean figuras, siguen siendo jugadores. Y siguen siendo personas.

SANTIAGO IRULEGUY

SANTIAGO IRULEGUY

Su vida y disfrute pasan por las cosas simples. Es familiero y cuanto más tiempo en su casa tiene, mejor van las cosas. Tiene un interés y apego gigante al deporte, sobre todo al fútbol. Cree que tener desafíos y planes a corto plazo son la clave para la felicidad. Tiene un gran sentido del humor y rara vez lo vas a ver enojado. En su SÓTANO guardaría entradas a partidos de fútbol y tickets de trenes/aviones/barcos que haya guardado de sus viajes: otra de sus grandes pasiones

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